

Ya os había contado antes que soy de poca misa pero procuro que sea intensa cuando acudo.
Ya os había contado antes que el rincón del retablo que prefiero es aquel relieve en el que el Cristo lava los pies a sus discípulos. Buena moraleja.
Ayer asistí a los Oficios, hoy posiblemente lo haga también.
Era una costumbre que el sacerdote lavase los pies de varias personas a imagen de Cristo.
Yo mismo participé alguna vez de esa ceremonia siendo rapaz.
Ayer D. Manuel vino a realizar algo que hasta ahora no había visto nunca y que me hizo pensar ( este tío tiene esa rara costumbre, te hace pensar) después de lavar los pies a una representación del pueblo, los mandó a que lavasen ellos mismos las manos a una representación de todos los asistentes. Buena moraleja, el que quiera entender que entienda.
Creo que es el gesto con el que me quedo para siempre de toda esta Semana Santa.
Y es que a veces no es necesario gastar un céntimo en un paso más o menos logrado para recordar de que va esto y a que me obliga.
Saludos y gracias por tú fábula.